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Depresión en personas mayores: diagnóstico y seguimiento

La depresión en el mayor casi nunca se presenta como un paciente joven llorando en la consulta. Se presenta como un padre que ya no quiere salir, una abuela que se queja del cuerpo, un hombre que dice "estoy cansado" y deja de comer. Es una de las enfermedades peor diagnosticadas de la vejez, no porque sea rara, sino porque se confunde con la edad, con la viudedad o con cualquier dolencia física. Esta página explica cómo se reconoce, qué se valora y cómo se acompaña en la consulta.

Caso típico: el mayor que "ya no es él"

Quien acude a esta consulta preocupado por la depresión de un mayor no llega con la palabra "depresión" en la boca. Llega con frases más concretas: "mi madre ya no se interesa por nada", "mi padre ha dejado de comer", "no quiere salir", "se queja del estómago, de la cabeza, de las piernas, pero el médico le dice que no tiene nada", "duerme mal y se levanta agotada", "habla de que sería mejor que se fuese". A veces lo que pesa es la viudedad reciente; otras, una jubilación reciente; otras, una mudanza al piso de los hijos; otras, no se identifica desencadenante alguno y el cambio ha sido insidioso. La familia pregunta si esto es "lo normal a su edad" o algo más.

Conviene salir del tópico cuanto antes: envejecer no es deprimirse. Es cierto que la vejez trae pérdidas (de personas, de roles, de funciones), pero la inmensa mayoría de las personas mayores conserva el ánimo y el interés por la vida. Cuando un mayor pierde el placer, se cierra a los demás, se queja somáticamente sin causa, deja de comer, deja de asearse o expresa que su vida ya no tiene valor, no estamos ante una etapa "normal", sino ante un cuadro clínico que merece ser estudiado.

Particularidades del cuadro depresivo en el mayor

La depresión geriátrica tiene rasgos propios que la diferencian de la depresión del adulto joven y que justifican que un Doctor en Psiquiatría con experiencia dedicada al mayor pueda detectarla donde otros profesionales la pasan por alto. El primero es la presentación somática. Muchos mayores no expresan tristeza con palabras: la traducen al cuerpo. Vienen con dolor difuso, molestias digestivas, mareo, palpitaciones, fatiga, insomnio o pérdida de apetito. Han recorrido digestivo, cardiología, traumatología, neurología, y nadie ha encontrado una lesión que justifique el cuadro. Detrás puede haber una depresión enmascarada que solo se reconoce cuando se pregunta de otra manera.

El segundo rasgo es la coexistencia con deterioro cognitivo. El mayor deprimido se queja con frecuencia de que no recuerda, no se concentra, "se le olvidan las cosas". Esta queja se llama "pseudodemencia depresiva" y a menudo se confunde con un alzhéimer incipiente. La diferencia es crucial: la pseudodemencia mejora cuando se trata la depresión; el alzhéimer no. Discriminar uno de otro requiere oficio clínico, evaluación cognitiva orientada y, a veces, seguimiento en el tiempo. También ocurre lo contrario: pacientes con demencia incipiente que debutan con un cuadro depresivo. Aquí el seguimiento longitudinal es lo que aclara.

El tercero es la comorbilidad orgánica. En el mayor, depresión y enfermedad física conviven. La diabetes mal controlada, el hipotiroidismo, la insuficiencia cardiaca, la enfermedad de Parkinson, el ictus, la enfermedad oncológica, el dolor crónico y la pérdida de visión o audición producen y agravan cuadros depresivos. Tratar la depresión sin mirar el resto del cuerpo es un error; mirar solo el resto del cuerpo sin reconocer la depresión también lo es.

El cuarto es la polimedicación. Muchos mayores toman seis, ocho o más fármacos. Algunos producen, agravan o imitan síntomas depresivos: corticoides, benzodiacepinas en uso prolongado, ciertos antihipertensivos, algunos analgésicos opioides, interferones. Revisar la medicación es parte del diagnóstico, no un paso posterior.

El quinto rasgo es el riesgo suicida. El suicidio en mayores está infraestimado y suele consumarse con mayor letalidad que en los jóvenes. El mayor con depresión rara vez "amenaza"; suele "callar". Frases como "ya he vivido bastante", "no quiero ser una carga", "para qué seguir" no son melancolía resignada: son señales de alarma que deben evaluarse.

Qué se valora en la consulta

La primera consulta dura más de lo habitual porque hay que escuchar al paciente y a la familia, repasar antecedentes, revisar medicación y explorar el estado mental con calma. Se valoran varios planos: estado de ánimo y reactividad afectiva, anhedonia (pérdida de capacidad de disfrute), apetito, sueño, energía, concentración y memoria subjetivas, contenido del pensamiento (autorreproche, desesperanza, ideas de muerte), funcionamiento cognitivo básico, autonomía en las actividades de la vida diaria y red social. Se exploran además los desencadenantes recientes: duelo, jubilación, cambio de domicilio, diagnóstico médico nuevo, conflicto familiar.

En paralelo se revisa la medicación completa, se valora la presencia de enfermedades médicas que puedan estar contribuyendo y se discute si conviene pedir analítica básica (hemograma, función renal y hepática, glucemia, perfil tiroideo, vitamina B12, ácido fólico, vitamina D), que muchas veces el paciente ya tiene reciente. Si hay queja cognitiva, se hace una valoración orientativa de orientación, memoria, atención y funciones ejecutivas, y se decide si conviene derivar a una evaluación neuropsicológica más amplia.

Diagnóstico, seguimiento y valoración funcional

Diagnosticar una depresión en el mayor no es ponerle una etiqueta: es entender qué tipo de depresión es (episodio único, recurrente, distimia, depresión vascular asociada a lesiones isquémicas cerebrales, depresión asociada a duelo prolongado), con qué intensidad cursa, qué papel juegan las pérdidas vitales recientes, qué peso tiene la comorbilidad médica y qué fármacos hay implicados. A partir de ahí se diseña un plan: ajuste o cambio de tratamiento farmacológico con criterios geriátricos (dosis prudentes, vigilancia de interacciones, evitar fármacos con carga anticolinérgica), acompañamiento psicológico cuando es viable, activación conductual realista (volver a salir, retomar pequeños vínculos, recuperar rutinas), apoyo a la familia.

El seguimiento se hace con citas espaciadas pero firmes. En el mayor los cambios suelen ser más lentos y la respuesta al tratamiento, más gradual; precipitar conclusiones lleva a etiquetar como "resistente" un cuadro que solo necesita más tiempo y mejor ajuste. La valoración funcional —cómo se desenvuelve el paciente en su vida cotidiana, qué grado de dependencia tiene, qué apoyos necesita— se documenta por escrito y es la que sirve, cuando procede, para informes orientados a Ley de Dependencia, capacidad de obrar o pretensiones administrativas.

Apoyo a la familia y al cuidador

La depresión del mayor no se trata solo en el mayor. La familia que convive con él suele estar agotada y angustiada: no sabe cómo manejar el rechazo a salir, los silencios, la queja somática repetida, las negativas a comer, los reproches. Una parte importante del trabajo es explicar a la familia qué le ocurre al paciente, qué es propio del cuadro y qué no, qué pueden hacer ellos y qué no deben tomarse personal. Cuando hay un cuidador principal, se valora también su estado: el burnout del cuidador familiar acelera el deterioro del mayor.

Dr. Joseph Salama, Doctor en Psiquiatría

En la vejez la tristeza casi nunca se llama tristeza. Se llama cansancio, falta de apetito, dolor de espalda o "ya no soy el de antes". Reconocer la depresión del mayor exige escuchar lo que no dice tanto como lo que dice.

Dr. Joseph Salama, Doctor en Psiquiatría

Cuándo es útil un informe médico

En muchos casos basta con seguimiento clínico. Pero un informe médico estructurado es útil cuando hay que documentar la situación ante la administración o ante un tercero: solicitud o revisión de grado de dependencia, valoración de capacidad de obrar (para autorizaciones, herencias, decisiones patrimoniales), discrepancias con la residencia o con el centro de día, peritación en procedimientos civiles donde se discute autonomía o vulnerabilidad. El informe describe el cuadro depresivo, su intensidad, su repercusión funcional concreta, la medicación y el pronóstico orientativo, y se firma con número de colegiado.

Por qué un Doctor en Psiquiatría con tesis sobre la vejez

El Dr. Joseph Salama defendió en 1994 su tesis doctoral titulada "Un estudio de las actitudes en la vejez", leída en la Universidad de Málaga. Es miembro de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología Médica. Esa trayectoria —cuarenta años atendiendo mayores, una tesis dedicada a cómo se vive y se piensa la vejez, formación continuada en geriatría y experiencia pericial en valoración de capacidad y dependencia— marca la diferencia frente a quien atiende mayores como una franja más de edad. La depresión del mayor pide un ojo entrenado en mayores, no un protocolo de adulto extrapolado.

Señales de alarma. Acuda a urgencias o llame al 112 o al 024 (línea de atención a la conducta suicida) si aparecen ideas de muerte con plan concreto, frases como "no quiero seguir", autoabandono importante (no come, no se hidrata, no se asea), síndrome confusional agudo (desorientación brusca, alucinaciones, agitación inhabitual) o sospecha de intoxicación medicamentosa. La seguridad del mayor está por delante de cualquier cita programada.

Cómo trabajar con la consulta

El procedimiento es sencillo. Primero, escriba por el formulario o por email a salamaioseph@gmail.com exponiendo la situación del mayor: edad, qué ocurre, desde cuándo, enfermedades que tiene, medicación que toma, si vive solo o con familia. Segundo, se le orienta con honestidad sobre si conviene primera consulta presencial, valoración a distancia o derivación a otro recurso. Tercero, la primera consulta se hace en Torremolinos o, cuando el caso lo permite y la familia colabora, a distancia con apoyo. La consulta cuesta 100 €, pagaderos en efectivo, Visa o Mastercard. Si procede informe, se presupuesta aparte. No se promete ningún resultado: se ofrece valoración seria.

Preguntas frecuentes

¿La depresión en mayores se cura?

Muchos episodios depresivos en el mayor mejoran sustancialmente con tratamiento adecuado y acompañamiento. La respuesta suele ser más lenta que en el joven y exige paciencia. Es importante no precipitar conclusiones pesimistas en las primeras semanas.

¿Es necesario medicar?

Depende del cuadro. En depresiones leves puede priorizarse la activación conductual y el apoyo psicológico. En cuadros moderados o graves, el tratamiento farmacológico suele estar indicado, con dosis ajustadas a la edad y vigilancia de interacciones. La decisión se comparte con paciente y familia.

¿Cómo distingo depresión de demencia?

Es una de las preguntas más difíciles. Hay rasgos que orientan (en la depresión el paciente se queja de la memoria; en la demencia, suele minimizarla; en la depresión el inicio es más brusco; en la demencia, más insidioso), pero a menudo solo el seguimiento clínico aclara. Una evaluación neuropsicológica puede ser muy útil.

¿Atienden a distancia?

Sí, cuando el caso lo permite. La primera consulta de un mayor con queja cognitiva o riesgo suicida suele preferirse presencial. El seguimiento puede combinar visita presencial y videoconsulta con la familia.

¿Hacen informes para la Ley de Dependencia?

Sí. Se elabora un informe estructurado con diagnóstico, intensidad del cuadro, repercusión funcional y necesidades de apoyo, firmado y con número de colegiado. No se promete ningún resultado: se aporta documentación médica seria.

Formulario para estudiar el caso del mayor

Pago: 100 €, efectivo, Visa o Mastercard; no se acepta Bizum.

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