Qué diferencia a esta sección
Las páginas no están escritas como fichas frías de enfermedad. Parten de situaciones reales: un mayor que se cae y resulta tener una infección, una familia que atribuye todo a demencia, un anticoagulante que asusta, un dolor que inmoviliza o una pastilla para dormir que deja al paciente más torpe al día siguiente. El hilo común es la medicina geriátrica entendida como integración: órgano, biografía, fármacos, cuidador y decisiones prudentes.
El contenido se apoya en principios clínicos actuales de geriatría: atención a presentaciones atípicas, prevención de delirium, revisión de polimedicación, valoración funcional y decisiones compartidas. También mantiene el tono humano de la consulta: explicar sin prometer, orientar sin sustituir una valoración médica y ayudar a que la familia haga mejores preguntas.
Páginas iniciales
En una persona mayor, una infección puede empezar como confusión, caída, somnolencia, pérdida de apetito o una debilidad difícil de explicar. Esta página ayuda a reconocer ese lenguaje clínico de la vejez sin convertir cada cambio en alarma, pero sin banalizar lo que puede ser serio.
La infección de orina es una explicación frecuente ante la confusión de una persona mayor, pero no debe convertirse en diagnóstico automático. Esta página distingue infección real, bacteriuria sin síntomas y otros problemas que también producen delirium, caídas o deterioro funcional.
Muchos mayores necesitan anticoagulación para reducir el riesgo de ictus, pero la familia teme caídas, sangrados y errores de medicación. Esta página explica cómo se piensa el equilibrio clínico sin simplificarlo en “dar” o “quitar” tratamiento.
Perder peso sin proponérselo en la vejez no es un detalle estético. Puede expresar cáncer, inflamación, depresión, soledad, problemas de boca, disfagia, fármacos o fragilidad. Esta página propone una lectura ordenada y humana del adelgazamiento en mayores.
El dolor crónico en la vejez reduce marcha, sueño, ánimo y vida social. Pero tratarlo solo aumentando analgésicos puede provocar caídas, confusión, estreñimiento o daño renal. Esta página explica cómo buscar alivio con prudencia geriátrica.
Muchos mayores duermen mal, pero algunas soluciones farmacológicas empeoran memoria, equilibrio, estreñimiento o caídas. Esta página aborda la relación entre sueño, sedantes, anticolinérgicos y confusión desde una mirada clínica prudente.
Plan editorial hacia 300 páginas
La subcarpeta debe crecer por bloques, no por acumulación mecánica. Los próximos grupos naturales son: enfermedades cardiovasculares del mayor; infecciones y delirium; neurología geriátrica; dolor, movilidad y hueso; nutrición, anemia y pérdida de peso; riñón, electrolitos y deshidratación; sueño y respiración; piel, heridas y úlceras; cáncer y decisiones proporcionales; medicación y desprescripción; salud mental asociada a enfermedad orgánica; y final de vida.
Cada nueva página debería aportar un caso clínico distinto, una explicación de qué cambia en mayores, señales de alarma, impacto en autonomía y una sección práctica para la familia. Así se evita repetir una plantilla vacía y se construye una biblioteca verdaderamente útil para pacientes, cuidadores y profesionales que necesitan una mirada ordenada.