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Valoración funcional geriátrica: en qué consiste
La valoración geriátrica integral es una de las herramientas más potentes que existen para entender al mayor en su conjunto. Mira a la vez su cuerpo, su mente, su autonomía y su entorno, y traduce lo encontrado a decisiones útiles para el paciente, su familia y la administración. Esta página explica qué es, qué planos aborda y para qué sirve.
Caso típico: "necesitamos un informe completo de mi padre"
Una familia llega a la consulta con un planteamiento concreto: su padre, de 84 años, vive solo, ha sufrido dos caídas, olvida la medicación, ha perdido peso, está triste desde la muerte de la mujer y los hijos no saben qué hacer. Han pedido la dependencia y no se la reconocen; el médico de cabecera está desbordado y no hay forma de que les den una visión global. Buscan a alguien que valore al padre por entero y emita un informe que les sirva para ordenar el cuidado y, llegado el caso, presentarlo en la administración.
Esta es la situación ideal para una valoración funcional geriátrica integral, también llamada en la literatura "valoración geriátrica global" o "valoración geriátrica multidimensional". No es una consulta de síntoma aislado: es una valoración de la persona entera con su contexto.
Qué planos aborda la valoración geriátrica integral
La valoración integral mira al menos cinco planos. El primero es el plano clínico-médico: revisión de enfermedades, fármacos, exploración física básica, control de constantes, revisión de analíticas, identificación de problemas activos y de iatrogenia potencial. El segundo es el plano cognitivo: exploración orientativa de orientación, memoria, atención, función ejecutiva y lenguaje, con derivación a evaluación neuropsicológica más amplia si procede. El tercero es el plano afectivo y emocional: estado de ánimo, ansiedad, ideación de muerte, contenido del pensamiento, calidad del sueño, dolor.
El cuarto es el plano funcional propiamente dicho: actividades básicas de la vida diaria (alimentación, aseo, vestido, continencia, movilidad), actividades instrumentales (manejo de dinero, medicación, electrodomésticos, transporte, citas, compras, cocinar), capacidad de marcha y equilibrio, riesgo de caída, autonomía en el domicilio. El quinto es el plano social y de entorno: con quién vive, qué red tiene, qué apoyos recibe, cómo es la vivienda (escaleras, baño, iluminación, asideros), qué recursos sociales disponibles puede activar (ayuda a domicilio, centro de día, residencia temporal de respiro).
Cuando es necesario, se añade un sexto plano nutricional (peso, tipo de dieta, deglución, dentición) y uno de salud sensorial (visión y audición, esenciales para autonomía y para evitar diagnósticos erróneos de demencia).
Particularidades de la valoración en el mayor
La valoración geriátrica tiene rasgos propios. Primero, dura más que una consulta convencional: hay que escuchar al paciente, escuchar a la familia, revisar documentos y explorar varios planos. Segundo, exige fuentes múltiples: lo que el paciente dice, lo que la familia observa, lo que la documentación recoge y lo que el médico ve en la exploración. Cuando todo coincide, el cuadro es claro; cuando no coincide, hay que entender por qué. Tercero, se ocupa tanto de lo objetivable como de la calidad de vida percibida por el paciente.
Otra particularidad es que su producto no es solo un diagnóstico: es un mapa. El informe describe situación actual, recursos preservados, déficits, riesgos a corto y medio plazo, intervenciones recomendadas y necesidades de apoyo. Esa estructura es la que sirve a la familia para decidir y a la administración para resolver.
Para qué sirve una valoración geriátrica integral
Sirve en varias situaciones. Para Ley de Dependencia, donde la valoración funcional rigurosa documenta el grado real de necesidades y argumenta cuando hay discrepancia con la valoración oficial. Para procedimientos sobre medidas de apoyo en el ejercicio de la capacidad jurídica (tras la reforma del Código Civil de 2021), donde se describe cognición, juicio y vulnerabilidad sin pronunciarse sobre la decisión jurídica. Para conflictos familiares sobre cuidado, residencia o gestión patrimonial, donde aporta criterios médicos independientes. Para aptitud para conducir, donde la valoración cognitiva y funcional es central. Para procesos asistenciales: definir un plan de cuidados realista en domicilio, decidir entre centro de día y residencia, organizar la medicación, prevenir caídas. Y, simplemente, para que la familia entienda dónde está su mayor y qué se puede esperar en los próximos meses.
Cómo se hace la valoración en la consulta
La valoración suele requerir más de una visita. En la primera se recoge la historia completa, se entrevista al paciente y, separadamente o en el mismo acto, a un familiar fiable, y se inicia la exploración. Se revisa toda la documentación disponible: informes médicos previos, analíticas, neuroimagen si la hay, partes de baja, resoluciones de la dependencia, evaluaciones neuropsicológicas, informes de centros de día o residencias previos. En la segunda visita se completa la exploración, se revisa la medicación con todas las cajas presentes y se discute el plan con la familia. El informe se redacta tras esas visitas y se entrega firmado, con fecha y número de colegiado.
El informe sigue una estructura clínica reconocible: datos de filiación; motivo de valoración; antecedentes personales, familiares y sociales; medicación; valoración por planos (médico, cognitivo, afectivo, funcional, social y, si procede, nutricional y sensorial); juicio clínico; recomendaciones e intervenciones; pronóstico orientativo. Tiene la forma de un informe pericial cuando se solicita para uso administrativo o judicial, y la forma de un informe asistencial cuando es para uso interno de la familia. Lo importante es que en los dos casos se ajuste a hechos clínicos y no contenga promesas de resultado.
Diagnóstico, seguimiento y valoración funcional
La valoración geriátrica integral no es estática. Tiene sentido repetirla periódicamente, especialmente tras eventos significativos (ingreso hospitalario, caída con repercusión, fallecimiento de cónyuge, cambio de domicilio, inicio o cambio importante de medicación). En seguimiento, se compara con la valoración previa y se ajusta el plan.
Apoyo a la familia y al cuidador
La valoración integral suele dar a la familia más información estructurada de la que ha tenido hasta entonces. Eso permite tomar decisiones más razonadas: sobre dónde puede vivir el mayor, qué necesita, qué recursos pedir, cómo organizar el cuidado, qué hablar con el resto de hermanos. Si hay un cuidador principal en burnout, se le valora también y se le orienta.
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Valorar a un mayor no es ponerle etiquetas: es entender quién es hoy, qué le funciona y qué no, y traducirlo en decisiones útiles. Ese es el sentido de la geriatría bien hecha.
Dr. Joseph Salama, Doctor en Psiquiatría
Cómo se traducen los hallazgos a decisiones prácticas
El valor de la valoración geriátrica integral no está en la cantidad de datos recogidos, sino en cómo se traducen en decisiones. Algunos ejemplos típicos. Si la valoración cognitiva muestra un deterioro moderado y la funcional muestra fallos en manejo de medicación, la decisión práctica incluye sistema de organización de la medicación supervisada (pastillero semanal con revisión periódica, posible visita de enfermería domiciliaria, valoración de retirada de fármacos no imprescindibles). Si la valoración funcional muestra dificultad para baño y vestido y hay riesgo de caída, la decisión incluye adaptaciones del baño, calzado, bastón o andador bien ajustados, programa de ejercicio y posible ayuda a domicilio. Si la valoración afectiva detecta depresión, se introduce tratamiento; si la valoración social muestra soledad importante, se orienta a recursos comunitarios. Si la valoración nutricional detecta pérdida de peso significativa, se interviene sobre dieta, dentición, deglución y eventualmente suplementación. Cada hallazgo orienta una acción. El informe recoge esa traducción para que la familia, el médico de cabecera y, en su caso, el trabajador social, sepan cuál es el siguiente paso.
Lo que la valoración geriátrica integral no es
Conviene también nombrar lo que esta valoración no es. No es un examen para "ponerle nota" al mayor ni para decidir su capacidad jurídica: aporta datos clínicos a una decisión que corresponde, en último término, al juez con asesoramiento médico legal cuando se trata de medidas judiciales de apoyo. No es un procedimiento estandarizado idéntico para todos: se adapta al motivo de la consulta y a la situación del paciente. No es una prueba diagnóstica única que sustituya al seguimiento clínico: es una fotografía con perspectiva longitudinal. No es una garantía de obtener un determinado grado de dependencia o un resultado administrativo concreto: es una valoración seria, redactada con honestidad clínica, que la administración valorará en su contexto. No es una alternativa al médico de cabecera o al especialista que sigue al paciente: complementa con una mirada integradora que esos profesionales, por organización del sistema, no siempre pueden aportar.
Cuándo es útil un informe formal
El informe formal se solicita en cualquier situación donde la familia o la administración necesiten una valoración independiente y estructurada del mayor. Las más frecuentes ya enumeradas: dependencia, capacidad, conflictos familiares, decisiones sobre residencia, conducción, aptitud para vivir solo, peritaciones. El informe se firma con número de colegiado y se ajusta a hechos clínicos. No se promete ningún resultado: se aporta una valoración médica seria.
Por qué un Doctor en Psiquiatría con tesis sobre la vejez
El Dr. Joseph Salama defendió en 1994 su tesis doctoral "Un estudio de las actitudes en la vejez" en la Universidad de Málaga y es miembro de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología Médica. La valoración geriátrica integral exige a la vez competencia clínica (medicina y psiquiatría), oficio pericial (formación en valoración del daño corporal e incapacidades) y cultura geriátrica. Esa combinación —medicina general, psiquiatría con tesis dedicada a la vejez, formación pericial desde 1999— es la base de la consulta.
Cómo trabajar con la consulta
Escriba por el formulario o por email a salamaioseph@gmail.com explicando: edad y situación general del mayor, motivo principal de la valoración (dependencia, capacidad, decisión familiar, conflicto, aptitud), documentación disponible. Se orienta sobre primera visita presencial o a distancia. La consulta cuesta 100 €, pagaderos en efectivo, Visa o Mastercard. El informe se presupuesta aparte tras la valoración. No se promete ningún resultado: se aporta documentación médica seria.
Preguntas frecuentes
¿En qué se diferencia esto del informe del médico de cabecera?
El informe del médico de cabecera es asistencial: describe lo que se hace en su seguimiento. La valoración geriátrica integral es estructurada por planos y orientada a una pregunta concreta (dependencia, capacidad, aptitud). Son complementarios, no excluyentes.
¿Cuánto tarda?
Habitualmente una o dos visitas y una semana de redacción. Depende de la documentación disponible.
¿Puede hacerse a distancia?
Algunas partes sí (entrevista, revisión documental, valoración cognitiva orientativa). La exploración física básica y la valoración de marcha y equilibrio se prefieren presenciales cuando es posible.
¿Garantizan un grado de dependencia?
No. Se elabora una valoración seria; el grado lo asigna la administración. No se prometen resultados.
¿Sirve también para procedimientos judiciales?
Sí, en aspectos médicos. Las cuestiones jurídicas corresponden a abogados y graduados sociales.
Formulario para solicitar valoración integral
Una valoración integral del mayor
Cuerpo, mente, autonomía y entorno en un mismo informe.
Solicitar valoración