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Vitamina D y persona mayor
El déficit de vitamina D es muy frecuente en personas mayores, especialmente en quienes salen poco al sol, viven en residencias o tienen piel oscura. La pregunta clínica no es si conviene "tomar vitamina D" como suplemento universal, sino cuándo está realmente indicada, a qué dosis y qué esperar de ella. Esta página resume con honestidad lo que se sabe y lo que no.
Caso típico: "me han dicho que la tengo baja"
Una mujer de 75 años, vive en piso con poca luz, sale solo a comprar y al mercado los sábados. Tiene osteoporosis y le han dado bifosfonato. La analítica muestra 25-OH-vitamina D en 14 ng/ml. Le han prescrito una ampolla mensual de calcifediol. Pregunta si "le va a ir mejor del ánimo, del cansancio y de las articulaciones" como ha leído en un periódico. La respuesta es matizada: la vitamina D que necesita es clara (déficit con osteoporosis), pero las expectativas de mejora anímica o energética generales merecen prudencia.
La vitamina D es a la vez una vitamina y una hormona. Se obtiene principalmente por síntesis cutánea con luz solar y, en menor medida, por la dieta (pescado azul, yema, lácteos enriquecidos). Su papel mejor demostrado es el del hueso y el músculo: facilita la absorción intestinal de calcio, mantiene mineralización ósea adecuada y participa en la función muscular. Otros papeles atribuidos —inmunidad, ánimo, cáncer— tienen evidencia mucho más débil.
Por qué hay tanto déficit en el mayor
Varias razones se suman: la piel envejecida produce menos vitamina D para una misma exposición solar; los mayores se exponen menos al sol por la propia vida y por recomendaciones dermatológicas razonables; muchos cubren los brazos y la cara la mayor parte del día; quienes viven en residencia salen poco; la dieta no aporta cantidades significativas para corregir un déficit ya establecido; insuficiencia renal y obesidad reducen disponibilidad útil. La consecuencia es que una proporción muy alta de mayores tiene valores por debajo de los considerados suficientes.
Cuándo está claramente indicado suplementar
La evidencia más sólida es para mayores con osteoporosis, mayores institucionalizados, mayores que han sufrido una fractura por fragilidad, mayores con riesgo aumentado de caída, mayores con déficit franco demostrado en analítica (cifras bajas de 25-OH-vitamina D), mayores con hiperparatiroidismo secundario y mayores con insuficiencia renal crónica con alteración del metabolismo fosfocálcico. Fuera de esos escenarios, el beneficio de suplementar de forma sistemática a todo mayor con vitamina D normal no se ha demostrado de manera consistente.
Cifras orientativas
Se considera deficiencia franca por debajo de 20 ng/ml, insuficiencia entre 20 y 30 ng/ml, suficiencia por encima de 30 ng/ml. Estos cortes son objeto de debate y la utilidad clínica de subir a cualquier coste por encima de 30 ng/ml no está bien establecida. Cifras muy altas (por encima de 60-80 ng/ml) no han mostrado ventaja y, mantenidas, pueden provocar toxicidad. En la práctica, el objetivo razonable es corregir el déficit franco y dejar al paciente en zona suficiente, sin perseguir cifras altas.
Cómo se suplementa
En España las pautas más usadas son colecalciferol (vitamina D3) en dosis diarias bajas o ampollas semanales o mensuales, y calcifediol, su metabolito hepático, en ampollas mensuales o quincenales. La elección depende del cuadro y de la función renal y hepática. Pautas excesivas (ampollas frecuentes "porque sí") pueden producir hipervitaminosis, hipercalcemia y daño renal. La consulta revisa con atención las prescripciones donde se suman varias fuentes (suplemento prescrito por un médico, otro por el reumatólogo, otro de farmacia "para el ánimo") porque pueden duplicarse sin control.
Calcio: tema asociado
La vitamina D facilita la absorción de calcio. Conviene aportar suficiente calcio dietético —lácteos, pescado pequeño con espina, frutos secos, verduras de hoja— antes que recurrir a suplementos de calcio. Los suplementos sistemáticos de calcio en altas dosis han sido objeto de controversia por posible asociación a litiasis renal y eventos cardiovasculares; se reservan para casos seleccionados.
¿Mejora el ánimo? ¿Y el cansancio?
La hipótesis de que la vitamina D mejora la depresión y el cansancio en el mayor es popular pero, en ensayos buenos, la respuesta es decepcionante. Cuando el déficit es franco, corregirlo puede sumar a un plan más amplio. Pero suplementar a un paciente con vitamina D normal esperando mejorar el ánimo no es una estrategia con evidencia. La consulta lo aclara: hay tratamientos antidepresivos que funcionan; la vitamina D no es uno de ellos en sí misma.
¿Y la inmunidad?
Hay datos discretos a favor de un papel en infecciones respiratorias en personas con déficit franco. La idea de que dosis altas previenen infecciones en personas con cifras normales no está demostrada. La consulta no recomienda dosis altas como estrategia inmunitaria fuera de indicación médica.
Caídas
La evidencia más razonable a favor de suplementar vitamina D para reducir caídas es en mayores institucionalizados con déficit. En mayores en comunidad sin déficit, la suplementación sistemática no ha demostrado consistentemente reducir caídas. El trabajo combinado de fuerza, equilibrio y revisión de medicación pesa más.
Lo que conviene no hacer
Tomar dosis altas sin control. Sumar varias fuentes de vitamina D. Mantener pautas indefinidamente sin reevaluar. Confiar la prevención de caídas a la vitamina D olvidando ejercicio. Sustituir alimentación equilibrada por suplementos. Esperar mejora anímica genérica.
Qué se valora en consulta
Valoración de osteoporosis o no, antecedente de fracturas, exposición solar habitual, ingesta de calcio y vitamina D dietéticos, vida en domicilio o residencia, color de la piel, peso e IMC, función renal y hepática, paratohormona si procede, medicaciones que afectan al metabolismo (anticomiciales, glucocorticoides), riesgo de caída y analítica con 25-OH-vitamina D y calcio. Sobre eso se decide si suplementar, con qué pauta y cuándo reevaluar. La consulta evita prescripciones permanentes sin revisión.
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La vitamina D del mayor merece respeto: ni el menosprecio del que la considera moda ni el entusiasmo del que la receta para todo. Hay déficits reales que conviene corregir y expectativas infladas que conviene rebajar.
Dr. Joseph Salama, Doctor en Psiquiatría
Por qué un Doctor en Psiquiatría con tesis sobre la vejez
El Dr. Joseph Salama defendió en 1994 su tesis doctoral "Un estudio de las actitudes en la vejez" en la Universidad de Málaga y es miembro de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología Médica. Saber a quién suplementar y a quién no, en un mayor con polimedicación, comorbilidad y expectativas sociales sobre la vitamina D, requiere una lectura integral. Esa lectura es la que aporta cuarenta años trabajando con mayores.
Cómo trabajar con la consulta
Escriba por el formulario o por email a salamaioseph@gmail.com con: edad, presencia de osteoporosis, caídas previas, exposición solar, medicación actual y analítica reciente si la tiene. Se orienta sobre primera visita presencial o a distancia. La consulta cuesta 100 €, pagaderos en efectivo, Visa o Mastercard.
Preguntas frecuentes
¿Conviene tomar vitamina D "por si acaso"?
No de forma indiscriminada. Tiene más sentido medir y, si hay déficit, suplementar de forma controlada.
¿Cuánto sol hace falta?
Quince a veinte minutos diarios de exposición moderada en brazos y cara, sin quemarse, son razonables en primavera y verano. En invierno la síntesis cutánea es mucho más baja.
¿La vitamina D engorda?
No.
¿Puede ser tóxica?
Sí, en dosis altas mantenidas. Por eso conviene controlar.
¿Atienden a distancia?
Sí. La revisión de la indicación y la pauta se presta a videoconsulta con la analítica delante.